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lunes, 4 de julio de 2016

Vêtements remueve los esquemas de la moda en la Alta Costura de París

La inauguración de la Alta Costura en París tuvo hoy (ayer) un peculiar comienzo entre los pasillos de las históricas Galerías La Fayette, donde la firma Vetêments decidió adelantarse al ya veloz calendario de tendencias para presentar su colección primavera-verano 2017 y confirmar que el "feísmo" está de moda.

La marca, fundada en 2014 por un equipo de diseñadores procedentes del taller de Maison Martin Margiela, se ha hecho un nombre gracias a la recuperación de famosos iconos y logos populares de marcas que precisamente hoy (ayer) colaboraron con ellos en este desfile, como Reebok, Champion o Eastpak, entre otras.

Ahora, invitada del selecto club de Alta Costura que conforman 13 históricas "maisons", Vetêments, en su afán por volver a la moda de la juventud de sus creadores, recuperó tendencias que en su día fueron cuestionadas como la combinación de chándal y tacones, además de sus tradicionales capuchas que nunca fallan.

Tampoco faltaron las siluetas "oversize" en finos trajes de sastrería, mayoritariamente en tonos grises combinados con camisa azul, también de formas excesivamente anchas.

Los logos se mantuvieron más discretos que en las últimas colecciones aunque los escudos de Reebok o Eastpak se dejaron ver en cazadoras y bolsos de lona con cadenas, una extraña mezcla para la noche que propuso Vetêments.

La pieza estrella de la pasarela fueron las botas en piel -sí, para verano-, que se llevaron a la altura del muslo, aún más altas que las apreciadas botas de mosquetero, una tendencia de invierno, y en llamativos colores como azul, amarillo o morado.

Vetêments -cuya fama se ha asentado con la reciente celebridad de uno de sus creadores, Demna Gvasalia, que se ocupa desde octubre de 2015 de la dirección artística de Balenciaga- sigue en su peculiar búsqueda de la estética que se aleja de los altos estándares que proponen sus competidores, y precisamente en eso está su éxito.

El nombre de la marca, que se traduce sencillamente como "ropa", es la prueba más certera de este intento de desacralización del lujo y sacralización de lo cotidiano, como la famosa camiseta de la compañía de mensajería DHL que ahora venden a 300 dólares (unos 269 euros), una de sus prendas estrella.

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